Hace 1 año atrás, un día como hoy creo, debiese haberme llegado la regla. Si bien no tomaba pastillas anticonceptivas, me llegaba bien regularmente. Pasaron algunos días de atraso, pero no me urgí en lo absoluto. Siempre uso condón. Mmmm, bueno, casi siempre. Mejor dicho, siempre uso condón en casi todo el acto mismo y ese casi es el que me tiene hoy aquí. (igual que los "yo me tomo la pastilla casi todos los días", "a casi la misma hora". No hay de otra: si usted no quiere tener guagua, utilice el método anticonceptivo tal y cual el fabricante lo recomienda, no a la pinta suya!)
Me dí el mismo consuelo que nos damos todas las que al menor indicio de atraso nos decimos "yo he tomado pastillas tantos años, nica quedo embarazada", "noo, nica, cómo tan mala suerte", "igual yo nunca he sido tan regular". (Y con estas frases se dará cuenta usted que yo no era precisamente de las fanáticas de la maternidad). En fin, como tampoco soy tan necia como para creerme mis propios cuentos y en vista de que era muy probable que un espermatozoide loquillo que salió antes de lo esperado fuera nadando al encuentro de algún ovulillo loco en mi interior, prendí mi compu y tecleé www.anticoncepciondeemergencia.cl y listo, nos vestimos y partimos a la farmacia en busca de las pastillitas. Seguí las instrucciones del Método de Yuzpe, me tomé 4 píldoras altiro y las otras 4 a las 12 horas exactas (sí, exactas, con alarma recordatoria y todo). Y me relajé.
Pasaron como 2 semanas. Sabía que cuando una tomaba esas pastillas la regla llegaba al día siguiente y abundante... y a mi no me había pasado nada. Mmmm.... sospechoso. Pero seguí relajada.
Nos fuimos con mi pololo al sur, yo lo acompañé a un viaje de su trabajo por el fin de semana. Trabajamos todo el día, y no pudimos comer nada. Soy una muy buena amiga de la olla, y por lo tanto esperaba con ansias llegar a cenar. Instalados por fin en el Hotel Concepción muertos de cansancio, pedimos sushi a la habitación. Harto sushi, con gyosas y todo. Abrí el paquete de la entrega y me urgí, con cuática. Me dieron unas náuseas terribles. "Filo", me dije. Y estaba tan cansada, que me dormí.
Al día siguiente, trabajo todo el día y por la tarde regreso a Santiago. Carretera sinuosa. Náuseas. Mareo. Náuseas. "Chucha", me dije. Pasamos a Chillán a comprar un test, y en un breve paseo por la histórica ciudad (partido de la longaniza mecánica incluido) se me pasó todo el soponcio. Hasta me ofrecí para seguir manejando yo.
En la ruta nos dio hambrecita. Pasamos a comer y aprovechar de ver el partido de la gloriosa. Con un entrecot en la mesa y el gol 100 de Rivarola, me vino el ímpetu de hacerme el test (¿¿¿cómo pude haber pensado que hacerse un test de embarazo en el baño de un restaurant al costado de la carretera era una buena idea???). "Me lo voy a hacer altiro porque te apuesto que me llega la regla apenas lleguemos a Santiago", le dije a mi incrédulo y urgido pololo.
Y tate. No alcancé a sacar el test del chorrito de pipí y ya decía positivo. Estaba super embarazada.
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